33
parado frente a mí, frente me hacía
cortando de ese modo mi camino,
y yo, para volver, ya me volvía.
36
Era el tiempo primero matutino
y se elevaba el sol con las estrellas
que estuvieron con él cuando el divino
39
amor movía aquellas cosas bellas;
y esperar bien podía, y con razón,
aunque a la fiera moteada viese,
42
la hora del alba y la dulce estación;
mas no sin que temor me produjese
la imagen, que vi entonces, de un león.
45
Questi parea che contra me venisse
con la test'alta e con rabbiosa fame,
sì che parea che l'aere ne tremesse.
Me pareció que contra mí viniese,
alta la testa y con hambrientos ojos,
que parecía que el aire le temiese.
48
Y, una loba, que todos los antojos
alojar semejaba en su magrura
y a muchos procuró duelo y enojos,
51
me llenó de inquietud con la bravura
que veía lucir en su mirada
y perdí la esperanza de la altura.
54
Y, como aquel que goza en la jornada
de la ganancia y, cuando llega el día
de perder, llora su alma contristada,
57
así la bestia, que hacia mí venía,
me empujaba sin tregua, lentamente,
al lugar en que al sol no se le oía.
60
Mientras me deslizaba en la pendiente,
ya mi mirada había descubierto
a quien por mudo di, por silente.
63
Cuando le contemplé en el desierto,
«¡Apiádate», yo le grité «de mí,
ya seas sombra o seas hombre cierto!»
66
Respondióme : «Hombre no, que hombre ya fui,
y por padres lombardos engendrado,
de la mantuana patria. Yo nací
69
bajo Julio, aunque tarde, y he morado
en la Roma regida por Augusto,
la que a falsas deidades ha adorado.
72
Poeta fui, canté entonces al justo
hijo de Anquises, que de Troya vino
cuando el soberbio Ilión quedó combusto.
75
¿Mas por qué vuelves tú al amargo sino,
por qué no vas al monte complaciente
que de todos los goces es camino?»
78
«¿Eres tú aquel Virgilio y esa fuente
de quien brota el caudal de la elocuencia?»
le respondí con vergonzosa frente.
81
«De los poetas el honor y la ciencia,
válgame el largo estudio y gran amor
con que busqué en tu libro la sapiencia.
84
Eres tú mi maestro, tú mi autor:
tú solo aquel del que he tomado
el bello estilo que me diera honor.
87
Vedi la bestia per cu' io mi volsi;
aiutami da lei, famoso saggio
ch'ella mi fa tremar le vene e i polsi
Mira la bestia que hacia atrás me ha echado,
sabio famoso, y ahórrame su ultraje;
por ella pulso y venas me han temblado».
90
«Te conviene emprender distinto viaje».
me respondió mirando que lloraba,
«para dejar este lugar salvaje:
93
Que esta, por la que gritas, bestia brava
no cede a nadie el paso por su vía
y con la vida del que intenta acaba;
96
y es su naturaleza tan impía
que nunca sacía su codicia odiosa
y, tras comer, tiene hambre todavía.
99
Con muchos animales se desposa
y muchos más serán hasta el momento
en que le dé el Lebrel muerte espantosa.
102
No serán tierra y oro su alimento,
sino amor y sapiencia reunidas;
tendrá entre fieltro y fieltro nacimiento.
Verá Italia sus fuerzas resurgidas
por quien, virgen, Camila halló la muerte
y Euríalo, Turno y Niso, con heridas.
De un pueblo y de otro lo echará, de suerte
que habrá de dar con ella en el Infierno,
del que la envidia prima la divierte.
De donde, por tu bien, pienso y discierno
que me sigas y yo seré tu guía,
y he de llevarte hasta el lugar eterno
donde oirás espantosa gritería.
verás almas antiguas dolorosas:
segunda muerte lloran a porfía;
verás gentes también que son dichosas
en el fuego, que esperan convivir
un día con las almas venturosas.
A las cuales, si aspiras a subir,
más que la mía existe un alma pura:
con ella, al irme yo, te veré ir;
que aquel emperador que hay en l altura,
puesto que fui rebelde a su doctrina,
que yo no llegue a su ciudad procura.
A todo desde allí rige y domina;
allá están su ciudad y su alta sede
¡feliz aquel a quien allí destina! »
Y dije yo: «Poeta, pues lo puede
aquel Dios que tú nunca has conocido,
de este mal libre, y de otro mayor, quede;
llévame donde ahora has comprometido,
y las puertas de Pedro vea un día,
y a los de ánimo triste y afligido».
Él echó a andar, y yo detrás seguía.

Allor si mosse, e io li tenni dietro.